Ante el juicio de Nicolás Sguiglia y Javier Toret por un presunto delito de Robo con intimidación en Supermercados Plus de Sevilla cuando participaban como mediadores sindicales en una protesta contra la precariedad.
Volveríamos a hacerlo. Somos la generación que ni siquiera llegará a mileurista, que se capacita eternamente para después malgastar su vida en las plataformas de telemarketing. Volveríamos a hacerlo porque somos la generación a la que roban la educación pública, a la que impiden compartir la cultura, la que no tendrá una casa en la puta vida, la que no puede criar un hijo, la que es víctima de la crisis de un sistema al que siempre se opuso, la que los políticos sólo recuerdan en campañas. Volveríamos a hacerlo porque somos contorsionistas de la flexibilidad. Pero, sobre todo, volveríamos a hacerlo porque amamos la vida. Le pese a quien le pese.
El 29 de abril de 2006 irrumpimos en un centro de trabajo porque a una de nosotras quisieron arrebatarle su amor a la vida. Volveríamos a hacerlo, porque cuando obligan a una madre a renunciar al cuidado de su bebé para acatar horarios salvajes no miramos hacia otro lado. En esa ocasión irrumpimos de modo festivo, nos disfrazamos para hacernos visibles y el clamor de cuantos presenciaron nuestra acción se unió a nosotros. ¿Qué esperaban? ¿La imagen tenebrosa de unos encapuchados reventando escaparates? Lo sentimos: no lo olvidéis, cuando luchamos, cuando desobedecemos juntos, somos alegres.
El 29 de abril de 2006 expropiamos públicamente productos de primera necesidad como acto de protesta ¿Pretenden acaso que nos arrepintamos por un acto de dignidad? ¿Es que no nos ven? Estamos en los centros de internamiento para extranjeros, en los cuartos de la limpieza de las grandes compañías, en las recepciones de los hoteles, en las barras de los bares, en los andamios, en los supermercados, en las plataformas telefónicas, en las colas del SAE, en los formularios de las empresas de trabajo temporal. Somos la generación que nunca tendrá estabilidad. Somos la generación que se fuga, que no quiere resignarse a las políticas de la exclusión y de la precariedad. Somos la generación que se disfraza y entra en un supermercado. Somos la generación invisible ¿No lo entendéis? Somos la generación a la que nadie representa.
El mal gobierno quiere encarcelar por dos años a Nicolás y Javier haciéndoles responsables de una decisión que fue de muchos, de todos, de cualquiera. La acusación es tan absurda que revela con claridad sus intenciones: criminalizar las acciones de solidaridad y desobediencia ante la precarización, inocular miedo en el cuerpo colectivo que se niega a pagar los costes de la crisis, invitarnos a la resignación y la impotencia ante las injusticias. Saben que no lo tienen fácil, y por eso atacan con dureza. Pero esta crisis económica será muy pronto una crisis de gobierno y acciones como la nuestra comenzarán a ser replicadas hasta conseguir renta, derechos, vivienda, dignidad.
Hoy este juicio nos encuentra en movimiento y con al menos dos cosas claras: Nico y Javi no están solos; la lucha contra la precariedad y por los derechos para todos no ha hecho más que comenzar.
Volveríamos a hacerlo.
Precari@s en movimiento


















