
La precarización es la norma: trabajo temporal, salarios bajos, desempleo. Por doquier: vallas, uniformes y centros de internamiento protegen la Europa-fortaleza, buscando excluir y perseguir a cientos de mujeres, hombres, niños y niñas. La policÃa y el ejército, en las calles, sostienen cámaras y pilotan helicópteros. Control por todas partes, favorecido por leyes antiterroristas dictadas para reprimir.
Los medios de comunicación masivos, con una mano, sujetan la tapadera de una olla que empieza a hervir, desbordándose. Con la otra, hacen lo posible para convencernos de que sigamos consumiendo. La serpiente se muerde furiosa su propia cola. Nuestros hermanos y hermanas del Sur pagan la factura; también aquà la pagamos.
Las especies animales en extinción sirven como imagen de nuestras generaciones futuras. Mientras, los bancos tiran billones por la taza del water.
¡No cabe duda de que vivimos en el mejor de los tiempos!
"La crisis, la crisis, la crisis...": he aquà la actual banda sonora universal. Pero crisis, ¿cuál crisis? Hay economistas que anuncian el fin del neoliberalismo; pero después de haber tenido que soportarlo durante años, los bancos nos vienen ahora con una revelación: ¡no nos preocupemos por no tener dinero! Como se ve, todo es posible...
No hay escapatoria: o nos escondemos de la situación, o luchamos por transformarla. Debemos enfrentarnos al nuevo contrato social que busca establecerse sobre estas bases: más alienación, más explotación, más precariedad en todos y cada uno de los ámbitos de nuestra vida.
¿Cómo manejarse en la precariedad? Vivir (en) la precariedad es la crisis que vivimos permanentemente; vivimos constantemente en el desastre. La crisis es una ola descomunal: o la surfeamos o nos ahogamos.
Por decirlo en dos palabras: nuestras luchas tienen lugar en la vida cotidiana. Nuestras rutas atraviesan las fronteras de las naciones, y también las separaciones que imponen los nuevos contratos sociales y las divisiones de género. Nuestras batallas son visibles. Lo que la sociedad exige está a la vista: ¿acaso no se ve? Con estas palabras nos dirigimos a Europa, y lo anunciamos al mundo: queremos cabalgar en la cresta de esa ola; es nuestro turno.
Entre el 30 de abril y el 1 de mayo vamos a recuperar el poder, inspirados por nuestra creatividad e impulsados a toda velocidad por nuestra propia potencia. Nosotros, nosotras, y quienes quieran sumarse. Los bancos dominan la vida en todas partes, aunque sean instancias moribundas. De las bolsas hemos aprendido que basta con retirar una carta para que todo el castillo de naipes se venga abajo. Para el próximo MayDay, en el Primero de Mayo, ya sabemos cuáles han de ser nuestros objetivos.
















